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LA MITRA

Hay que ver, en cualquier parte de Andalucía, lo que es la vida del obrero. Cuando yo he dicho a algunos de mi pueblo que en Madrid ganan muchos trabajadores jornales de tres, cuatro y hasta cinco pesetas, no han podido contener su asombro… Tres, cuatro, cinco pesetas, ¿quién las gana allí nunca? Dos, tres, cuatro reales y medio – cuando el trabajo no falta, y jamás abunda – es el precio corriente del jornal. 

El propietario de la finca satisface el salario sin añadir nada más; solo en algunos cortijos, disminuyendo naturalmente el importe del salario, recibe el trabajador comida, compuesta por la mañana de migas, a la tarde de gazpacho y por la noche de patatas sin mezcla alguna de carne… ¡Carne! Es artículo tan de lujo que anda allí por los cielos… ¿Vino?… En la tierra que tan rico y abundante lo produce jamás durante las comidas de los días de trabajo, remoja la boca y fortalece la sangre del obrero… ¡El gazpacho! ¡Siempre el gazpacho! Por la mañana, al llegar al sitio de la faena; a las doce del día, como pretexto de la segunda cigarrada; por la noche, como refresco encima del potaje de semillas… Y como entremés, unas veces, y como plato de resistencia otras; aceite con ajo y sal, sacado a pulso del dornillo, y empapado en los mendrugos sobrantes. 

Para dar la peonada, el trabajador que vive en el pueblo sale de éste con el día. Antes de comenzar a golpear con el azadón la tierra, ya lleva una buena legua dentro del cuerpo. Cuando vuelve a su casa, otra legua de camino, y encima de aquella máquina raquítica y descoyuntada, doce horas de subir y bajar el sudoroso tronco, de murmurar como salvaje gemido ¡jun! ¡jun! Mientras el hierro cae pesadamente a sus pies, lanzando, herido por el sol, sus reflejos de victoria. 

¡Qué contraste entre aquel cielo y aquellas riquezas! La leyenda de aquella vegetación, el cuadro de las alegrías andaluzas hay que ponerlos al lado de la vivienda sombría del obrero. 

Para vivir se aprovecha todo, la choza de retama, la cueva cavada en la piedra, hasta el peñón informe dejado en una llanura por algún inmemorial movimiento geológico. Aún en mi pueblo está «habitada» una mole suelta que a causa de su forma, es llamada popularmente la mitra. Aquella mole es nada menos que una casa; algún desesperado logró ahuecarla en fuerzas de fuerzas; desde entonces da albergue a unos cuantos seres humanos. El peñón compasivo y hospitalario figura en el Registro de la propiedad, en las listas de la contribución, en la estadística de las calles; se alquila a veces y se trasmite por testamento. La mitra es simple detalle de un vasto plan de urbanización. Dos barrios hállanse materialmente tallados en roca viva. En los días de huelga forzosa, el trabajador toma su espiocha, elige sitio y comienza a picar. A los dos o tres meses tiene casa; es propietario. A los dos o tres años sucumbe en ella con toda su familia. No hay más luz, no hay más sol ni más aire que los que entran por la raquítica puerta. En la habitación única se vive, se duerme y se guisa. 

El humo de las taramas secas y de la paja quemada borra por completo el fondo de la caverna…. 

CUADRO DE MI TIERRA (Julio Burell)

 

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Julio Burell y Cuellar nació en Iznájar (Córdoba), el día 1 de febrero de 1859 pasando su niñez bajo la sombra de Hisn-Ashar, en un pueblo convulso, que tuvo una gran importancia social en esa época, cuando fue protagonista de la llamada revolución del pan y el queso, del levantamiento de Rafael Pérez del Álamo por la conquista de la libertad y la democracia.

Estudió bachiller en el colegio de la Asunción de Córdoba, en otro libre de Loja y en el de Málaga, abandonando Iznájar en 1874 para trasladarse a Madrid. En la capital de España cursó los estudios de Derecho y Filosofía y Letras en la Universidad Central, pero no llegó a terminarlos por dedicarse con gran afán al periodismo, lo que era su vocación y sería su profesión. Ese temprano inicio en el mundo periodístico explica la larga nómina de diarios en los que fue redactor: El Fígaro, La Discusión, El Progreso, La Ilustración Universal, La Gaceta Universal, La Opinión, el Heraldo de Madrid, La Época, El Imparcial…

Fundó varios periódicos La Libertad española (1889), El Nuevo Heraldo (1893), El Gráfico (1904) y el Mundo (1907), siendo El Gráfico el primer diario de España ilustrado con fotografías y donde contó con colaboradores de la talla de Pérez Galdós, Pardo Bazán, Valle Inclán,…

Burell, modelo de sagacidad periodística, desde muy joven comienza a cultivar el género literario de la poesía, que pronto es abandonado para sumergirse en la prosa, a través del relato, cuento, crónicas, semblanzas y artículos políticos y de actualidad.

La pluma vivaz, erudita y amena de Burell, con una “recia prosa cuajada de elevados pensamientos” fue reconocida, ya en el ocaso de su vida, al ser elegido miembro de la Real Academia de la Lengua, adjudicándole el sillón (e) minúscula, que dejaba vacante el que fuera primer español, premio nobel de literatura, José Echegaray. Desgraciadamente no pudo ocuparlo por sobrevenirle la muerte.

Sus primeros escarceos políticos, en su juventud, fueron en la ideología republicana, con grandes convicciones de libertad y democracia, que nunca abandonaría pero transitando posteriormente hacia la monárquica parlamentaria, siempre hermanada a los postulados democráticos, militando en el partido liberal, que le permitió obtener su primera acta de diputado, cuando apenas tenía veintisiete años, por el distrito de Corcubión (La Coruña) (1887-1890). Más tarde por el de La Cañiza (1896-1898), el coruñés de Arzúa (1903-1905) y después, hasta su muerte, representó al distrito jienense de Baeza (1905-1919), destacando por una activa labor parlamentaria, con brillante oratoria y defendiendo siempre los principios democratizadores.

Su actividad en las Cortes españolas la compaginó en distintos periodos con importantes cargos gubernamentales, siendo gobernador de Jaén (1900) y de Toledo (1901), director general de Agricultura, Industria y Comercio (1903), y de Obras Públicas (1905 y 1909). En 1910 fue nombrado ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes, cartera que volvió a ocupar en otras dos ocasiones, en 1915 y 1918. También en 1917 ocupó la cartera de ministro de Gobernación. Hay que señalar que a pesar de que sus mandatos fueron muy breves, al integrar gobiernos en un momento de inestabilidad política de la crisis de la Restauración, en ellos consiguió grandes logros, como abrir a la mujer el acceso a todas las carreras y títulos profesionales, crear la Escuela Hogar con el objeto de dar formación profesional a los trabajadores manuales,…

El día 21 de febrero de 1919, a los sesenta años de edad, moría un hombre de una abnegada vida de lucha ejemplar y de gran actividad intelectual, al que todos los profesionales del periodismo, con cariño y devoción llamaban, maestro.

OBRAS DESTACADAS:

Artículos de Julio Burell.– Homenaje de la Asociación de la Prensa de Madrid (Madrid 1925)

PUBLICACIONES LOCALES:

Los artículos de Julio Burell (2007).- Ed. Manuel Galeote. Col. Letras de la Subbética. Ayuntamiento de Iznájar.

El retorno al café de Fornos (2010).- (Varios autores).- Coordinación y Edición Manuel Galeote y Antonio Cruz Casado.

Julio Burell : Poesía y narrativa (1875 – 1889).- José Luis Lechado Caballero.- Col. Julio Burell.- (2019).- Ayuntamiento de Iznájar

Julio Burell en el Heraldo de Madrid (1890 – 1895) I-II-III-IV-V.- José Luis Lechado Caballero.- Col. Julio Burell.- (2019).- Ayuntamiento de Iznájar

Julio Burell en La Época (1895 – 1897).- José Luis Lechado Caballero.- Col. Julio Burell.- (2019).- Ayuntamiento de Iznájar

Julio Burell en el Heraldo de Madrid (1898 – 1899) .- José Luis Lechado Caballero.- Col. Julio Burell.- (2019).- Ayuntamiento de Iznájar

Pluma y cuartillas: En el centenario de la muerte de Julio Burell.– (2020).- José Luis Lechado.- Ayuntamiento de Iznájar.